Hacha y tiza.
Estoy sentado frente a un psicólogo intentando contarle una traumática experiencia de mi infancia: cuando tenía seis años mi papá me llevó a comprar zapatillas a Munro. Ese es el tipo de rutinas que hacen los hijos de padres separados, van a comprar calzado con el papá el sábado porque la madre dijo: - Ya que no pasás la mensualidad podrías comprarle zapatillas al nene, parece un pordiosero.
Entonces estamos mi papá y yo en este localcito mugroso de Munro mirando zapatillas.
- Pá, esas son las que me gustan.
- Sí, a mi también me gustan, ojalá pudiera comprármelas.
Ahí me doy cuenta que no me puede comprar las que quiero y empiezo a mirar los modelos más baratos. Reconocerlos era fácil. Ninguno me gustaba. Mientras elegía la menos fea, mi papá se va a ver las pelotas de fútbol. La vendedora se me acerca y pregunta cuáles me quiero probar.
Papá seguía probando la resistencia de las pelotas apretándolas con las dos manos y haciéndolas rebotar de vez en cuando. La vendedora llegó con una caja marrón abierta bajo el brazo, se arrodillo y mientras ponía los cordones en la zapatilla izquierda me miró y me dijo: - Tu papá está para darle hacha y tiza.
Yo me despierto sobresaltado en el consultorio de otro psicólogo que es viejo y se parece mucho más a Freud. Tiene una pipa en la mano y juguetea con un encendedor. Intenta decirme algo pero no le entiendo. De repente el psicólogo se transforma en la vendedora que todavía tiene una zapatilla en la mano y repite con una sonrisa: - Hacha y tiza, hacha y tiza.
Este no es el único sueño recurrente que tengo. Otras veces sueño que estoy volando sobre la ciudad. Es normal, hasta que descubro que tengo un copiloto que se parece mucho a Mac Giver y que estoy piloteando un Jumbo con 300 personas a bordo. Cuando pido autorización para aterrizar en Ezeiza me atiende un contestador: En este momento todas las pistas están ocupadas, por favor deje su mensaje después de la explosión. Llamo desesperado a la azafata y llega la vendedora de Munro con un par de mocasines en la mano. – Hacha y tiza, hacha y tiza.
¿Entiende doctor? ¡Entiende por lo que estoy pasando! Es por esto que decidí empezar terapia. No puedo dormir. No puedo soñar. Tiene que ayudarme. No puedo seguir así. ¡Doctor! ¿Qué hace esta mujer acá? ¡Doctor! ¿Por qué la señora tiene un par de zapatillas en la mano? ¡Doctor!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario