Soy la muerte.

Finalmente como tanto temía llegó la muerte a mi departamento. Era una noche negra de primavera. Viento calmo. Ruidos aislados. Coches distantes. Notebook abierta. Cigarrillo en mano.
Llegó como sólo la muerte sabe hacerlo. Salió sin que la vea de mi cabeza y se paró del otro lado de la puerta. Golpeo tres veces con calma y potencia. Pum. Pum. Pum. En un primer momento pensé que era un vecino enojado. Pero la música estaba apagada.
_ ¿Quién es?- Pregunté un poco asustado. Intenté mirar por la rendija pero la luz del pasillo estaba apagada. Ninguna persona normal se quedaría a oscuras tanto tiempo. Acerqué lentamente la oreja a la puerta. Pum. Pum. Pum.
_ ¿Quién es?- Pregunté otra vez. Ahora con miedo. Pero nada. Nada del otro lado. Agarré el teléfono sin saber a quién llamar. Marqué a la casa de mis amigos. Teléfono inhabilitado.
_ ¿Quién es?- Pregunté por última vez. Ahora más tímido. Del otro lado el silencio más callado por unos segundos y después: Pum. Pum. Pum. Retrocedí dos pasos y dejé caer el teléfono que se desarmó en un par de pedazos.
Estuve parado inmóvil durante un rato largo. Esperando. Hasta que finalmente volví a acercarme paso por paso. Apoyé primero una mano, como tanteando, y finalmente volví a poner el ojo en la rendija. _Soy la muerte.- Dijo de tal forma que no quedaran dudas. Y agregó: _Me estabas llamando.-
Foto: María Eugenia Diaz Heer

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