10.6.06

La vida y los ojos marrones.


Un manojo de electrones decidieron, por voluntad propia o por obligación, girar alrededor de un núcleo de neutrones y vaya a saber que sarta de partículas sub atómicas más. Creando, por supuesto, un átomo. Este átomo a su vez, impulsado por inevitables fuerzas cósmicas y por un poco de ganas se juntó con otros átomos. Haciendo así una molécula. La molécula que seguramente se sentía sola, se juntó con otras moléculas para hacer una proteína. La proteína que es un ser marcadamente social, se sumó a otras proteínas y algunas cosillas más. Todos juntos hicieron una célula. La célula, imposibilitada de sostenerse por sí misma, afianzó con otras células. Decidieron trabajar todas juntas en una empresa que podríamos llamar órgano. Y ese órgano sólo puede vivir en un conjunto de órganos, un sistema que le provee lo que necesita para vivir. Y el a su vez provee a un organismo mayor formado por el conjunto: yo. Yo, ser tan social como las proteínas que me forman, convivo con mis iguales. En un departamento, que está en un edificio, que está en un barrio. Los barrios tienden a unirse para formar ciudades. Las ciudades suelen vivir dentro de provincias o estados. Todas las provincias juntas se reúnen para crear un país. Los países tampoco pueden estar solos. Por eso hay muchos países. Muchos países forman un continente. Continentes hay cinco. Los cinco continentes están en un planeta. El Planeta Tierra, claro. Qué gira. Como los electrones. Gira alrededor de un sol. Grande y caliente. Que abriga a otros planetas. Y a muchas lunas, asteroides, cometas, pedazos gigantes de hielo y otras cosas que ni sabemos. Todas esas cosas forman un sistema solar. Los sistemas solares son grandes, pero tampoco se animan a vivir solos en la negrura espacial. Por eso están todos en una galaxia. Las galaxias son una fiesta de miles de millones de sistemas solares girando y girando. Algunos dando un enorme paseo en los brazos de la mamá galaxia. Otros bien agolpados y tumultuosos en el medio, bebiendo de la teta misma de la vía láctea. La vía láctea a su vez no podría estar sola. No. Convive con otras cientos de millones de galaxias que flotan en un universo en permanente expansión. Un universo que por simple deducción no debe estar solo, sino acompañado de otros universos. Y todos ellos nacen y mueren. Explotan, se expanden, se enfrían, se contraen. Dentro de algo que tranquilamente podría ser el átomo que forma la molécula del iris de uno de tus ojos marrones.

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