10.6.06

La vida y los jueves.


De esto hace más o menos unos cinco años. Mi hermana tenía ocho. Mi viejo la iba a buscar todos los jueves al colegio entre turno y turno para ir a almorzar. Solían sentarse en los bancos de una placita cercana a comer un sánguche.
Pero este jueves en particular hacía demasiado calor. Se sentaron en el banco de siempre, el sol era fuerte y constante. Un día de verano temprano frustró la comida y terminaron sentados en un restaurante bastante malo frente a la quinta de Olivos.
Rocío, mi hermana, pidió una milanesa con papas fritas mientras le decía a mi papá:
- Qué lastima que no pudimos ir a la plaza hoy-.
- No te preocupes. – Le dijo mi viejo tranquilizador. – Tenemos muchos jueves para ir a la plaza.
- Sí, es verdad, yo me voy a morir y va a seguir habiendo jueves.- Dijo mi hermana.

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