La razones de las semillas.

Juan caminaba los dos kilómetros que separaban su casa del pueblo con la pesada parte de un motor en brazos. Demasiado grotesca para ser llevada por un chico de quince años. Lo hacía con gran esfuerzo y traspiraba mucho. De tanto en tanto descansaba el pedazo de metal engrasado sobre una pierna y con la mano liberada se sacaba la traspiración de los ojos. Tenía la cara, los brazos, las manos y los pantalones completamente embadurnados en grasa.
No es mucha la gente que transita esos caminos. Mucho menos a la hora de la siesta. Por eso Juan se sobresaltó cuando vio venir a una señora caminando muy despacio en dirección contraria. Llevaba una pequeña bolsa de tela bajo el brazo de dónde se asomaban algunas plantas. Parecía tener más de setenta años, pero pese a su edad, se la veía fuerte y saludable.
-¡Buen día señora!- gritó Juan, gimiendo un poco por el esfuerzo, y apoyo la pieza en la pierna. Levantó la mano, saludo un poco y después la colocó en forma de visera. La señora paró lentamente la marcha y se detuvo a unos metros para observar. Fijó primero la vista en el pedazo de motor y escudriñó lentamente al campesino hasta que finalmente se clavó en sus ojos.
- Buen día joven - dijo la señora – ¿Quiere un poco de agua?-
- Sí por favor, muchas gracias - dijo Juan-
La señora apoyó la bolsa en el suelo, la abrió corriendo un pequeño ramo de florcitas y sacó un botella de arcilla tapada con un corcho asegurado con hilo. Muy despacio desató el nudo y con un firme tirón sacó el corcho. Volvió a meter la mano en la bolsa y sacó un pequeña vasija. Con cuidado inclinó la botella y sirvió un poco de agua.
- ¿Qué hace una señora caminando sola a la hora de la siesta? – preguntó Juan mientras se llevaba la vasija a la boca.
- Soy una bruja – dijo tranquila la mujer – Deberías saber que sólo las brujas y las cosas del otro mundo andan a la hora de la siesta. Lo que me pregunto yo es qué hace un joven cargando un motor por estos caminos a la hora de la siesta.
A Juan le divirtió un poco el juego de la señora. No le parecía para nada una bruja, su voz era suave y tranquilizadora. No aparentaba ser la voz de una vieja y mucho menos la de una bruja. -El motor de la chata se rompió. Hoy el mecánico no podía traer el repuesto y mi papá me mandó a buscarlo. Necesitamos la camioneta para mañana. Vamos a vender sandías en la feria del pueblo.-
- Entiendo- murmuró la señora – Soy una bruja y voy a ayudarte, pero la ayuda de una bruja no debe ser tomada a la ligera.- Dijo con calma. Sacó algunas hojas de un paquete, las molió un poco con las manos y las echó dentro de la botella. Agitó un poco el recipiente y sirvió un poco más de agua en la vasija que sostenía Juan.
- ¿Qué es esto señora? – Preguntó Juan ahora con un poco de desconfianza.
- Es una planta que te va a prestar su fuerza para que puedas llegar a tu casa.-
- ¿No me va a hacer mal?
- No. No te va a hacer mal.- Dijo la vieja, concluyente.
Tomó primero un sorbo e inmediatamente se sintió revitalizado. Al segundo sorbo le pareció que la carga era menos pesada. Y cuando hubo terminado la vasija, se sentía realmente fresco. Las hojas producían un efecto muy similar al de la menta, pero con un sabor y olor totalmente diferentes. Rápidamente el efecto cesó pero se sentía un poco mejor después de todo.
- Muchas gracias señora – Dijo Juan mientras devolvía la vasija – Me sacó la sed y refrescó, pero si usted fuera una verdadera bruja, ahora podría levantar este pedazo de motor con una sola mano. Pero como creo que viene la cosa, todavía me va a costar un poquito llegar a casa. – Soltó con un tono jocoso y después rió.
La señora estalló en una carcajada estrepitosa, rió tanto que terminó inclinada casi apoyada sobre sus rodillas. Se silenció súbitamente, tapo la botella, otra vez con mucho cuidado, guardó toda en la bolsa y la levantó del suelo. Miró a Juan fijamente a los ojos durante unos segundos y después buscó algo en su bolsillo.
-No se debe ayudar demasiado a alguien, porque las cosas tienen sentido sólo a causa del esfuerzo que cuesta conseguirlas. A mi me llevó muchos años llegar a ser bruja, y por eso disfruto mucho de serlo. Soy una bruja de plantas. Ese es mi conocimiento. Y como soy una verdadera bruja, te voy a dar la semilla del árbol más hermoso que jamás haya existido. – Sacó del bolsillo una mínima envoltura de tela con algo dentro se lo entregó.
-¿Pero por qué me va a regalar esa semilla? ¿No dijo que no se puede ayudar demasiado a alguien?- Arremetió Juan mientras se guardaba la semilla en el bolsillo.
-No te estoy ayudando ahora, la semilla me pidió irse con vos - explicó la señora – sólo hago lo que me pide la semilla.
-¿Por qué la semilla quiere irse conmigo?- Quiso saber Juan.
-No sé, no entiendo las razones de las semillas. Simplemente quiere irse con vos. La tenés que sembrar cerca de tu casa.-
Juan estaba más divertido que nunca. El misticismo de la vieja era fantástico. Le pareció que estaba más loca de lo que el pensaba en un principio, pero por alguna razón se sentía sinceramente cómodo en su presencia. Estaba mucho mejor, ya no traspiraba en absoluto. El sol parecía menos fuerte y una pequeña brisa empezó a mover el aire.
-Las semillas como estas son cosa seria - continuó la vieja – Dentro de ella hay un gran árbol. Si lo sabes amar y cuidar, ese árbol será tu mejor amigo en el mundo. En un principio deberás regarlo, protegerlo y dejarlo ser. Pero cuando se afiance a este mundo podrás treparte a el, usar su sombra y resguardarte. - Suerte con las sandías mañanas – Dijo por último la vieja, y se fue.
- Gracias bruja.- Le gritó Juan mientras se alejaba.
El resto del camino le resultó mucho más fácil. Maniobraba sin problemas la pieza con las manos y antes de darse cuenta ya había llegado sin detenerse una sola vez. Después le quedaron energías para ayudar a su padre a arreglar el motor y cargar todas las sandías en la parte trasera de la camioneta. No había vuelto a pensar en la bruja.
Esa noche tuvo un sueño. Un enorme árbol se levantaba junto a la casa. Era hermoso. Verde y fuerte como nunca había visto otro. El diámetro del tronco no podía ser rodeado ni por cinco personas con los brazos extendidos. Las ramas se disponían en forma de escalera caracol. Juan subió entre el follaje hasta la punta de la copa. Desde arriba podía ver pequeño el techo la casa, las luces de la ruta en la entrada del pueblo y kilómetros de campo iluminados por la luna. Las hojas olían deliciosas, exactamente igual a las que la bruja le había dado.
Al día siguiente vendieron todas las sandías en el mercado y tanto Juan como el padre estabas felices. Amenazaba con que iba a llover pronto. Era un día húmedo y pesado. Durante toda la mañana habían llegado nubes cada vez más grandes. Y ahora el gris era casi total. Mirando al este se podía ver la lluvia avanzando. La primera gota cayó en el parabrisas de la chata casi llegando a la casa, después hubo un grupo aislado de gotas por acá y por allá que precedieron a una de las tormentas más largas y furiosas que esa tierra haya recibido.
Juan miró por las ventanas de la casa durante una semana eligiendo dónde sembrar la semilla. Todo era un tremendo barrial. Ir hasta el pueblo se hacía imposible. Las clases estaban suspendidas en casi toda la provincia. Guardaba la semilla en una cajita de metal en la mesa de luz. Todas las noches antes de dormir la miraba un rato. Si bien no creía que fuese verdaderamente mágica, sí tenía la esperanza de que escondiese un gran árbol.
La mañana siguiente fue clara y fresca como ninguna otra. El agua se había agotado finalmente. El sol entraba de costado y dejaba sombras largas y amarillentas. Juan dio dos vueltas a la casa hasta encontrar un sitio que le pareció correcto. Cavó un pequeño pozo con las manos en la tierra húmeda y dejó la semilla con cuidado. Tapó el agujero y por último construyó un prolijo cerco de piedras alrededor.
Las primeras semanas no pasó absolutamente nada. Juan se quedaba mirando durante largo rato el círculo de piedras. Un mes después casi había perdido las esperanzas. Le contó toda la historia al padre. Cómo había conocido a la señora y le había regalado una semilla que no crecía. –Los regalos de las brujas no deben ser tomados en broma- dijo el padre mientras soltaba una risita – Lo que necesita tu semilla es mucho agua-.
Durante un mes entero Juan llenaba un pequeño tacho de metal en un canilla y regaba la semilla con metódica dedicación. Cada vez que salía al colegio y antes de irse a dormir. Nunca más volvió a soñar con ese árbol. Aunque lo intentó en repetidas oportunidades. La primavera estaba casi terminando. Se le había ocurrido comprar otras semillas si esta no funcionaba para tener su propio árbol de todas formas.
Pero una mañana, sin esperar demasiado, encontró un pequeño brote verde que partía la tierra. Era ínfimo pero potente. Lleno de alegría lo regó una vez más y ordenó las piedras agregando otras nuevas. Alisó con dedicación la tierra del círculo dejándola perfecta. El árbol recién nacido se erguía, orgulloso en el centro.
Creció mucho más lentamente de lo que Juan esperaba. Habían pasado ya más de seis meses y el árbol era una mísera rama de medio metro con alguna que otra hoja. No parecía en absoluto especial, pero las hojas tenías un olor que el chico adoraba. Se parecía muy poco al de aquella ves, pero iba en camino a serlo. ¡Pero tenía que ser más grande!
Desilusionado, consultó una vez más con su padre. – Lo que necesita tu árbol para crecer es una guía fuerte y recta - le dijo – así tiene dónde apoyarse para crecer firme y derecho. Clavale un palo bien alto al lado para que mire hacia arriba y sepa a dónde tiene que ir. –
Buscó por todos lados pero no encontró lo que buscaba. Ningún palo le parecía lo suficientemente alto o firme. Su árbol era gigante y necesitaba la mejor guía de todas. Un día volviendo del colegio encontró un gran tubo de hierro. Debía tenér por lo menos unos cinco metros de largo. Estaba tirado al lado del camino justo en una obra abandonada.
Le pidió ayuda a su padre para ir a buscarlo con la camioneta. Estuvieron largo rato para levantarlo, y subirlo. Después tardaron otro tanto en atarlo y dejarlo bien seguro. Sobresalía mucho atrás y algo adelante, pero se podía llevar. Cuando tomaron velocidad el aire entró por el hueco del tubo produciendo un quejido espantoso. Era casi de noche cuando llegaron a la casa.
El caño quedó clavado como una chimenea. La plantita parecía diminuta, casi ridícula atada a ese monstruo. Juan buscó piedras durante una hora para hacer un cerco mejor. Ahora había traído unas verdaderas piedrotas, macizas, redondas. Armó un nuevo círculo con grandes bloques y usó piedras más chicas para completarlo. Finalmente alisó la tierra dejándola toda bien pareja y regó una vez más a su amigo con cariño.
Por algunos meses más se preocupó de regarla, y mantener el cerco ordenado, pero lentamente fue perdiendo el interés. Pasó el tiempo y árbol siguió creciendo con la misma lentitud de siempre, sólo que ahora firme contra el caño. Ya no se lo veía tan alegre como siempre, sus hojas estaban un poquito secas en las puntas. Estaba muy lejos del aquel gigante que Juan había soñado.
El árbol, el sueño y la bruja desaparecieron de la vida de Juan. Cuando terminó la secundaria se fue a trabajar a la Capital. Al año su padre vendió la casa, alquiló una pequeña habitación en el pueblo y murió poco tiempo después. Por muchísimos tiempo nunca se preguntó que había sido de aquella semilla.
Una tarde de verano Juan tomaba mate en el living de su departamento, era domingo y estaba a punto de llover. Por la ventana se veían los edificios altos y más allá las nubes. Una gota cayó en el vidrio, la primera. Y después una tremenda tormenta, como pocas ha visto la capital. Las calles se inundaron, en los noticieros mostraban gente caminando con el agua por la cintura y autos flotando.
Durante una semana miró por la ventana recordando. Su pueblo, la casa, el campo. La escuela. Lo pájaros, el cielo abierto. Las tormentas de verano. La bruja, el árbol, el sueño. Por alguna razón se había empeñado a olvidar el pasado. Pero ahí estaba, del otro lado del vidrio mojado. Hasta que finalmente dejó de llover. La ciudad se secó, se normalizó el tránsito y todos volvieron a lo suyo.
Sacó el auto un viernes de fin de semana largo, agarró la ruta y de fue al campo. Manejó un montón de horas sin parar. Estaba claro, fresco y despejado. Se veía el horizonte a los cuatro lados. Cuando llegó a al pueblo no había prácticamente nadie, era la hora de la siesta. Recorrió el camino a su casa despacio, casi sacando la cabeza por la ventanilla.
Cuando estaba cerca miró hacía arriba como buscando el árbol y no encontró nada. Rió un poco para adentro. La tranquera estaba cerrada. Palmeo un par de veces pero no respondieron. Gritó un par de veces llamando, no hubo respuesta y avanzó de todas formas.
Caminó unos cincuenta metros y ahí se podía ver bien la casa. Seguía estando como antes, un poco más derruida pero estaba en pie. Rápidamente buscó el sitio donde se encontraba el árbol, pero en su lugar encontró una espantosa enredadera. Una planta soberbia se elevaba enroscada sobre si misma. Ramas gruesas brotaban en un enjambre espantoso. El verde era realmente único y el olor de las hojas, exactamente el mismo. Esa bestia había engullido al caño por completo, tomando la altura y la forma de esa horrible guía.
Foto: María Eugenia Diaz Heer

1 comentario:
Qué significa? ¿algo así como que por más esfuerzo que pongamos en hacer algo bien y que salga lindo puede terminar siendo eso? una enredadera?.
Te descuidas un poquito, y lo que soñaste o lo que buscaste puede terminar en algo que no tenía nada q ver?
o será que podemos intentar ser los mejores guías con los demás, y que al final el resultado sea torcido...
Que susto encontrarse con eso tanto tiempo después. Que raro.
Como las cosas pueden no ser lo que parecen a veces. (y a veces si)
De verdad, q raro que es todo.
Y sí, me esfuerzo por buscarle a las cosas un significado y por entender. Pero soy asi y voy a seguir comiendome la cabeza, pensando en q era lo q no tenía, lo que no necesitaba y lo q no encontraste.
Que sepas que te quiero no quiere decir que no te lo vaya a decir más.
Besos Ariel,
maru,.
pd: este me pareció un poquito más vos, si de algo sirve q lo diga =o)
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