El viaje de las ballenas.
En la ruta había pocos autos, pero era uno de esos días lluviosos y densos. Manejaba Silvia, como siempre. Todavía había luz natural, pero los autos ya llevaban las luces encendidas. El limpiaparabrisas le hacía de compás a un tema viejo y entrecortado en la radio. Marcelo estaba a punto de hacer mate. Julián se perdía siguiendo a las escobillas que barrían las gotitas del vidrio. Malena jugaba con la hebilla del cinturón de seguridad.
Papá: ¿Male, me pasás la canasta del mate?
Male: Tomá Pá.
Mamá: Ponele un poquito de azúcar que estoy con acidez.
Papá: ¿Por qué no prendés las luces que ya no se ve muy bien?
Mamá: Tengo puestas las de posición.
Male: ¿Por qué las ballenas van a Puerto Madryn?
Papá: Porque ahí es más lindo para hacer bebés.
Male: Pero en Puerto Madryn hace frío. ¿No?
Papá: Sí, pero no tanto. Y a las ballenas les gusta.
Male: ¿Cómo son de grandes?
Papá: Muy grandes. Ya las vas a ver.
Julián no dijo nada. Iban a ver a las ballenas a Puerto Madryn.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario