Cuando era chico.
Cuando era chico dormía en el mismo cuarto que mi abuela. Mojaba las vainillas en la leche y siempre se me terminaban rompiendo. Jugaba al fútbol en el terreno baldío. Tenía dos amigos: Romina y Juan Manuel (eran hermanos). No tenía bicicleta. Mi papá me pegó. Me gustaba treparme a los techos de las casas. Enterraba juguetes en el parque. Desarmaba todo lo que se podía desarmar. Tenía una patineta naranja. Comía pétalos de rosas. Mataba hormigas con una lupa. Rompía los vidrios del taller vecino tirando tuercas con una raqueta vieja. Adoraba prender fuego. Mi mamá escuchaba Serrat en el tocadiscos. Mi abuela hacía ravioles caseros. Descubría juguetes enterrados en el parque. Vivía a cuatro cuadras del cementerio. Mi tío abuelo se murió de un paro cardíaco un día de la semana. Iba caminando al colegio. Dibujaba en la pared del living. Usaba siempre zapatillas viejas. Odiaba mis cumpleaños. Amaba las rabas, las milanesas y las papas fritas. Me retaban porque dibujaba la pared del living. Mis papás se separaron. Compramos un televisor Sharp color en el Hogar Obrero. Veía el Increíble Hulk y el Auto Fantástico. Lloré porque la helada mató una planta. Fuimos varias veces de vacaciones al campo. Sabía andar a caballo solo. Tenía un gato que se llamaba Mingo. Me mordió un perro en la puerta de una carnicería. Nunca sacaba la sortija en la calesita de la Plaza Kennedy. Mamá me leyó una carta hermosa que papá me escribió cuando se fue. Nunca creí en Dios. Caminaba descalzo por todo el barrio. Jugaba guerras de bombitas en carnaval. Comía sandía en verano. Me tiraba en calzoncillos en el piso de baldosas. Hablaba frente al ventilador y seguía el movimiento de un lado hacia el otro. Le temía al calefón. Tenía un conejo azul de peluche que se llamaba Tanesco. Nunca creí en papá Noel. Y no quería ser grande.

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