No hay demasiado para elegir.
Son las cuatro de la tarde de un sábado aburrido y decidimos ir al supermercado. No es un mal día, hoy no hay promociones ni descuentos con tarjetas de crédito y las amas de casa están mirando televisión, caminando por shoppings o centros comerciales. El paseo por las góndolas desiertas y el frío de las heladeras debería ser anestesia para el alma.
Como todo es de los mismos dueños no hay demasiado que elegir. La mitad de los productos es de Procter & Gamble, Kraft, Unilever y la otra mitad de Clorox, Nestlé, johnson&johnson y otros monstruos del mercado ¿Se dieron cuenta de que las miles de marcas que habitan en un supermercado pertenecen a no más de veinte grandes corporaciones?
Entonces no nos queda más que debatirnos entre las opciones A y B que cuestan más o menos lo mismo, que dañan al planeta con la misma intensidad, que explotan a sus trabajadores de la misma forma y que cuando deciden sus políticas se juntan en los mismos campos de golf.
No me resultaría raro que nos enteremos algún día de que en realidad ni siquiera existen esas mínimas diferencias y que todo es de un solo dueño, un niño que vivió siempre encerrado en su casa y no lo dejan salir ni para jugar con otros niños.
Cuando volvemos, ahora con un par de bolsas cargadas, nos preocupa mucho más el aspecto de esos pobres que se ven peligrosos revolviendo basura en la esquina que la ideología dominante del mundo en el que vivimos.

3 comentarios:
mejor imaginemos que todos sus empleados son lumpa lumpa
(che hoy aca el supermercado apestaba a gente)
mmmm ¿rese niño no será dios?
bueno no se pero si dios creo al hombre a imagen y semejanza suya entonces no es de fiar...
saludos
Dios creo al hombre en imagen y semejanza de un Carrefour.
jajajaj
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