20.2.09

Hombres ordinarios.

La cosa se pone oscura y viene la crisis. Pero es una crisis personal. No es la intrincada red global de causas y efectos, sino una mínima e impenetrable combinación de billones dentro de una estructura ósea con forma de cacerola. “Todo va a estar bien”, dice Bob Marley. Y ojo que hablo de Bob Marley y no de droga. “No llores, mujer, no llores” Pero el hijo está muerto y crucificado. La humanidad remachada en una cruz digital.

“No hay monedas”- dice en el kiosco, en el almacén y en el banco. Y yo que ponía las monedas en las vías para ver como las aplastaba el tren. Ahora estamos todos buceando en la fuente de los deseos buscando diez centavos para tomar el colectivo hasta el centro. Al menos todavía nos queda en qué trabajar.

Dentro de poco vamos a estar viendo crecer los tomates donde teníamos la pileta climatizada. Toca cocinar uno mismo y dedicarse a lo que siempre quisimos. Vamos a ser libres pronto. En el dos mil doce se acaba el mundo que conocemos, se viene la era de volver a ser humanos. De correr un conejo para hacerlo a la parrilla. De curarse con el tiempo. De morir como es debido.

¿Cómo es debido morir? ¿Es debido morir? Esa es la misión que te dan en el juego de tercera generación: sal a la cancha y muere como un hombre. ¿Cómo muere un hombre? Toca morir con las preguntas bien apretadas en el puño. En la próxima vida vienen las respuestas. Pero ya no sirven porque las preguntas se quedaron en casa, en ese chalet a tres cuadras de la estación del tren en un barrio del conurbano de una de las ciudades más grandes del mundo.

¡Buenos Aires! Qué lugar terrible y hermoso. Como todo el planeta, galaxia y universo. Todos bailando ahí la música del tiempo, esperando a que el acelerador de hadrones les saque una foto Polaroid en primer plano. Así es la cosa señores: nada es real, todo es una proyección en el telón de un cine viejo y con olor a humedad. Pero adelante se sienta un tremendo cabezón que no te deja ver una mierda. Siempre nos toca un cabezón en la butaca de adelante cuando el programa de la noche no es más que la verdad pura, cruda y siniestra.

Estamos acá para nada y nada está acá para nosotros. Es cuestión de surfear tu época, subirte a la primera ola que veas y comprarte un par de cosas en el camino. Ahora los faraones del pasado son momias que terminan en calderas de locomotoras inglesas o en un museo abierto de lunes a lunes y gratis los martes de verano que el sol es amarillo y las sombras bien negras.

Mi jefe está loco, tu jefe está loco y todos los jefes de mundo están locos. Se les soltó la chaveta, les falta un jugador, perdieron muchos muñecos en el camino. Sostenga la caja de fósforos entre el pulgar y el mayor, apoye la cabeza del fósforo sobre el borde para raspar, presione bien fuerte con el índice de la misma mano para sostener, forme un arco en tensión con dos dedos de la otra mano y dispare una llamarada infernal sobre la tierra entera.

“El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.” Apocalipsis 4:7 y 4:8

El planeta se parte en el vacío como Kryptón y escapa una nave con robots. Muchos años después las máquinas entienden que ellas provienen del hombre y hacen un documental de dos horas y media para explicarles a los niños cómo fueron sus creadores. Curiosamente no hacen mención a la música hasta cinco minutos antes del final, donde ponen una canción del siglo veinte a todo volumen y en estéreo: “Us and them. And after all were only ordinary men...”

1 comentario:

~lU dijo...

guau!
q buen texto.




esto me gustó mucho: "Estamos acá para nada y nada está acá para nosotros. Es cuestión de surfear tu época, subirte a la primera ola que veas y comprarte un par de cosas en el camino"


beso.