10.9.07

Una más.

¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS!

Bueno, bueno, está bien. El chico salía de la casa como todas las mañanas y se encontró con el amor de su vida doblando la esquina. Lo siguió por treinta años casi pisándole los talones hasta que finalmente se animó a tocarle el hombro con la mano derecha. El amor de su vida se dio vuelta inmediatamente y le gritó: ¿POR QUÉ NO ME ALCANZASTE ANTES?

¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS!

Está, bien, está bien. La señora, ya entrada en años, volvía del mercado como todos los jueves por la tarde y se topó con su pasado contemplando los primeros brotes de la primavera en un árbol. - ¿Qué estás haciendo acá? – le preguntó la señora cargando pesadas bolsas en las manos. – Te estaba esperando para ayudarte a llevar las compras – respondió con una sonrisa el pasado.

¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS!

El perro salió a dar una vuelta furtiva y entre tentadores árboles y bocinazos perdió el camino de regreso a su amo. En una plaza casi abandonada encontró a un niño que le tendió una mano. Se hicieron amigos inseparables y el perro, en sus parámetros caninos, fue feliz, pero nunca olvidó el olor del limonero que había hecho propio en fondo de aquella casa de barrio que una vez había abandonado.

¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS!

La mujer, antes gorda, ahora paseaba ostentando su nueva figura. Se enfundaba en vestidos ajustados y andaba sobre tacos altos. Movía la cola de lado a la lado y ligera, daba saltito de vez en cuando. Pese a las apariencias no fue feliz por años, hasta que una noche durmió profundamente y por primera vez se soñó sin todo ese peso que había cargado.

¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS!

Bueno, está bien. El hombre, que siempre hacía lo que le pedían los otros hombres, se sintió un día liberado, fue a tomar un café en un barcito que estaba justo frente a su edificio y pensó largo rato. – Ya no soy un niño – reflexionó. – Ya no tengo a quién hacerle caso – Pagó la cuenta y dejó una abundante propina, abrió su paraguas recién comprado y en su pequeño refugio inventado vivió seguro de si mismo, de sus aciertos y sus fracasos.

¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS! ¡UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS, UNA MÁS Y NO JODEMOS MÁS…

2 comentarios:

jule dijo...

¡unas más, muchas muchas más!

María •• dijo...

Uff.
Genial.
No quiero que pares hasta "realista stand up".

Que bueno disfrutar leer algo tan bueno y darme cuenta de que es tuyo. Gracias.

Bebabobé!
Ibopep!