3.8.07

Siento 27.

Hace mucho que no me sentía como me siento hoy, viernes a la tarde. Es como si algo, la gripe quizás, hubiese abierto un hueco en la cartulina de mi realidad y de pronto es lindo estar haciéndome un té. La pared del edificio de enfrente es un soberano muro de ladrillos, ayudado hoy por el agua y el desgano amarillento del alumbrado público. Me gustaría ver pasar a alguien, pero mejor imaginarlo que asomarme. Si yo sé como es esa pared y mucho más un día de lluvia. Los días de lluvia uno presta especial atención a las paredes. A ese alguien que pasa, seguramente ignorando cuán tremendo es el muro, no le queda más remedio que pasearse resignado y sin paraguas.

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