No es culpa del mono.
El pulpo, que no tenía un tentáculo de sonso, no se dejó llevar por la corriente. En cambio el mono, históricamente menos precavido que el pulpo, se subió a la ola y la ola lo puso en su cresta. La cresta te deja ver lo que hay debajo, que no es otra cosa que un espejo de lo que hay arriba. El pulpo nunca vio el infinito, por eso entiende y acepta sin dolor que todo termina.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario