Patinando para atrás.
Esa nena que está ahí con los patines es Romina Echenique o Etchenique, ya no me acuerdo muy bien. El nene detrás, también con patines, soy yo. Romina fue mi primer amiga y mi primer amor. En esa época estaban de moda los patines de cuatro rueditas, tenían un sistema con tornillos en el medio para regularlo a la medida del pie. Se ajustaban con unas cintas a las zapatillas y la verdad es que eran incómodos e inestables. No duraban mucho, al poco tiempo los rulemanes se rompían y el armazón metálico se empezaba a oxidar. Pero esos patines fueron mi primera experiencia de desliz con los pies sobré la tierra. Y esas tardes de sol, dominio de las chicharras, eran tan mágicas que todo se conjugaba para marchar sobre ruedas.

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