6.4.07

Mi mamá y la dueña del local.

- Soñar no cuesta nada – dijo la dueña del local que con cada palabra expulsaba humo en rectángulos perfectos y dejaba ver algo inusual en su paladar. Me miró un rato largo, parecía que iba a decir algo más, pero calló.

- Estoy esperando a mi mamá – le dije mientras me daba la espalda. Se dio vuelta tres pasos más tarde, no me miró a los ojos, enfocó algo cerca del techo y permaneció así, rígida, casi un minuto. Cuando empecé a tener miedo retomó la marcha y desapareció en una puerta diagonal.

- ¡No va a venir, no va a venir! – me repetía una y otra vez a mi mismo. Poco a poco fui perdiendo el entusiasmo, había pasado tanto tiempo que ya nada era real. Los cuadros perdían sistemáticamente sus colores y mis fuerzas se diluían con la gravedad.

- ¿Querés algo más? – me gritó la dueña del local a unos centímetros, apareció como si nunca se hubiera ido. Traté de explicarle que no había pedido nada, que estaba esperando a mi mamá. Me miró con desconfianza y dejó un papel en el borde la mesa. Acomodó con dos movimientos rápidos el delantal blanco que llevaba muy suelto y dejó ver, por un instante, que era linda.

- ¿Qué es esto? – pregunté mientras leía el papel. Imaginé una declaración de amor, una fantasía sexual, pero sólo era la cuenta: quince con cincuenta (un café con leche, dos medialunas y un tostado). Rompí el papel en todos los pedazos que pude y se los tiré en la cara.

- ¡No me vas a decir nada más! – grité con la poca energía que me quedaba, y me hice escuchar. La cara le tembló en un gesto ridículo y lloró con esos inmensos ojos casi verdes. Primero fue una lágrima insípida, después se desató el vendaval. Ahí entendí que hay lágrimas que son de verdad.

- ¿Qué querés que haga? – gimió arrancándose el delantal. – Soñar no cuesta nada – repitió, pero yo sabía que eso no era cierto. Soñar cuesta más que ninguna otra cosa en el mundo cuando uno no se atreve soñar. Soñar es imposible cuanto el deseo es miedo.

- ¿Vos estaba esperando a tu mamá? – murmuró mientras se sacaba la remera. Tenía dos tetas tremendas, la derecha más grande que la izquierda. Con otro movimiento calculado hizo desaparecer el corpiño. Nunca en mi vida tuve tantas ganas de chupar. Los pezones apuntaban directamente a mis ojos y ella se permitió tocarlos para mí.

- ¡Yo estoy esperando a mi mamá! – intenté explicarle, pero ya la tenía entre mis labios y ella se retorcía por dentro. Estaba todo dicho, jugábamos de mano y era mágico. Mi cuerpo la quiso completamente desnuda y cuando encontré el botón justo, desaté a la mujer del pecado.

- ¿Qué estás haciendo?- juzgó mi mamá. Llegó en el momento exacto. La miré de reojo mientras recorría con mi lengua la boca de la dueña. En ese paladar había algo raro, parecía una herramienta de castración siniestramente diseñada. Me alejé a los empujones de esa mujer. ¿Cómo había podido dejarme engañar?

- No te preocupes – dijo mamá. – Mirá: te traje un chocolate y un librito de dibujos.- Sacó un paquete chato de una bolsa llena de revistas de los Testigos de Jehová y malos recuerdos. Rompió apresurada el papel y me mostró un cuadro mal pintado. Éramos mi abuela y yo sentados frente a la iglesia de Luján. Las pinceladas eran toscas y la perspectiva estaba mal, pero en mi retrato se descubría que yo no podía escapar.

- ¡Soñar no cuesta nada!- gritó ahora con todo el cuerpo la dueña del local. – Metemelá, tontito, que ya no puedo esperar. ¡Te quiero adentro mío ya! ¡Dejá de pensar!- Y le hice caso. Agarré toda mi calentura adolescente olvidada y la dejé ser. Le hice el amor como en mis fantasías de felicidad. La mordí, la marqué para que no dude quién soy cuando me dejo llevar.

- Mamá, así soy yo – intenté explicarle, pero ya se había ido. Estaba muerta y yo lo sabía, era hora de despertar. Me despedí con un beso tierno de la dueña del local, busqué otra vez el aparato en su boca, no lo encontré. Había vivido equivocado, el amor no es peligroso si se siente real. Sostuve esos ojos casi verdes con una promesa: iba a volver sin que me importe nada más.

1 comentario:

lexi dijo...

me encantaron estos cuentos!!!!