Arritmia existencial.
Llevo una carpeta debajo del brazo, es de color rojo y se cierra con elásticos. Está un poco gastada y carcomida en los bordes, la arrastro hace unos cuantos años. En su interior viven dos oportunidades pasadas por alto, un amor perdido y tres proyectos abandonados.
Tengo un walkman negro colgado en la cadera, se engancha en el pantalón con un plástico, no tiene autoreverse y los auriculares son malos. Voy escuchando tres discursos que me quedaron: dos de mi mamá y uno de mi padrastro.
Uso anteojos que se destacan por su marco, son gruesos color verde flúo y los cristales parecen siempre empañados. A veces me encuentro vislumbrando con retraso, todo se devela borroso, inconcluso y, entre tanta mezcla, ya no sé muy bien dónde me paro.
Camino con filosofía barata y zapatos de goma. Son de suela ancha y pesada con punta de acero para proteger los dedos en caso de una mala maniobra. Los cordones están atados con doble nudo (como me ensañaron), no vaya a ser que tenga que agacharme en la mitad del camino y me sorprenda un presidiario.
Visto un perfume de marca que me embadurnaron, tiene algo de madera, roble quizás, y un deje de recuerdo amargo. Es aroma a hombre, a hombre malo. Intento ignorarlo siempre que puedo, aunque se potencia de tanto en tanto dejando subir esa fragancia con olor a momento extraño.
Me pusieron camisa y pantalón de fiesta, las piernas negras y el pecho blanco. No uso corbata y lo dejé bien claro, odio vestirme así. La mangas me quedan cortas, crecí un poco en los últimos años. Aunque no me anime a aceptarlo me desarrollé rápido, tengo pelitos en las bolas y el pito parado.
En los dientes uso aparatos, son de un metal imponente cuidadosamente lustrado. Brillan tremendos en mi sonrisa, pero parecen un poco más tímidos cuando hablo. Son ingeniosos, saben que su oportunidad es cuando estoy feliz y hasta ese momento acechan.
Enhebré tres anillos en mis dedos largos, dos son de plata y uno de oro magro. El más lindo era de mi mamá, me lo quedé el mismo día que dejó existir en un auto. El de oro lo dejó mi papá cuando yo tenía cuatro años, ese no me lo puedo sacar, quedó atorado. El último me lo compré hace poco en una tienda de segunda mano, está ahí aguardando tu amor y por nada del mundo me lo saco.
Pañuelo agarré uno de tela, con mocos secos del primario. Sólo puede abrirse en casos de emergencia, como una cagada de paloma o un llanto espontáneo. Está acostumbrado a recibir lágrimas tiernas y el acoso de un resfrío eterno. ¡Achís! ¡Salud! ¿Tengo fiebre mamá? ¿No estaré incubando algo?
Las uñas me las pinté todas de blanco, salvo una que teñí de negro macabro. Es la del dedo meñique de la mano con la que me toco en el baño, lleno de culpa y adrenalina. “La masturbación hace mal” creía mi vieja, que era religiosa de cabo a rabo.
No acarreo un dios, ni real ni imaginario. Sí tengo la creencia de hay algo mágico, algo que nos invade cuando menos lo esperamos y nos muestra que todo es por algo. Una especie de camino conceptual previo que responde a la mística insondable del azar, o a algo extremadamente calculado.
Cargo con dudas que están buenas y otras que no tanto. En el bolsillo de atrás del pantalón llevo dos sustancias preparadas por una bruja del barrio, una viene en polvo color crema del cielo y la otra en un frasco. Si abrís el frasco dejás de percibir la furia de la realidad, quedás pausado. Si elegís el polvo lo ves todo, desde lo más microscópico hasta el enorme macro. Hay que tener cuidado, no es fácil el control de tanto poder.
Mi corazón lo llevo desnudo pero en cautiverio. Está siendo protegido de un concepto poco claro que fusiona las moléculas de amar y ser lastimado. Pero mi amor tiene mucha más fuerza que mis trabas y se filtra, cuando no lo controlo sale para mostrarse tal cual es: esponjoso y blanco.
Porto una cabeza complicada, imposible si tiene ganas. Fue concebida por varios artesanos, algunos con criterio y otros desfachatados. No anda mal, todo lo contrario. Puede ser temible, es verdad, pero cuando la pongo a jugar me lleva un cuarto de colores brillantes e ideas esperando.

1 comentario:
Papel araña dibujado, hojalillo y ganchos. Cosas que no faltan en ese cuartito de colores enfrascado.
Quiero seguir jugando.
Se terminan la palabras si sigo rimando. Asi que opto por escribir cosas que no tengan babosas ni baldosas, sino que sigan la incoherencia del te amo.
Escrito con buena letra, dibujalo.
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