Pronóstico del tiempo.
Amanece a las once, de a poquito. Es una mañana ciega. El mediodía espera sin miedo, a unos pasitos del invierno. La una no tarda en llegar, puede que lluevan vocales o cuerdas. Nuestra tarde entra por la única puerta abierta, que es la tercera a la izquierda. La noche enseguida apesta a nostalgia, a cementerio y vela vieja. Termina todo de pronto y cincuenta y nueve. Sin más vueltas.

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