Ariel 2.0
Hay una canilla ahí, vaya y ábrala. Era muy inteligente, quizás más inteligente que yo. Y quizás él me trajo hasta acá, con una sutileza que me parte el alma. O quizás llegué hasta acá solo, de puro intento. Quizás no sea tan feo después de todo. Darse cuenta. ¿Qué es darse cuenta? ¿Puedo ver? ¿Es cierto lo que veo? ¿Estaba equivocado? Claro que estaba equivocado. Todos estamos equivocados. Pero hay mejores equivocaciones. Hay equivocaciones donde uno puede pasarla bien y coger en vez de hacerle la paja. ¿Se entiende? Hay otra forma de ver si es que uno tiene la capacidad. O quizás todos tienen la capacidad, pero no todos la tienen al alcance de la mano. O se la robaron ni bien empezaban. A mi me robaron, creo, pero no tanto. Me queda, me queda mucho. Al menos hoy, al menos en este preciso momento. ¿Y si me suelto en serio? ¿Y si de verdad veo ese otro portal? ¿Y si lo cruzo? No es ahí donde está la locura, ya sé que no. La locura es acá. En tiempo real. Pero hay menos locura. Yo la vi. Yo la veo. Hay menos locura por todos lados. Es una cuestión de ángulo. De cómo se saque la foto. Yo saco fotos. Yo saco muchas fotos. Y hay fotos con menos locura. Hay fotos donde todo es el mundo en movimiento. Así como es, sin más ni menos. Existencia misma. Gritos archivados. Y si no lo sé lo busco en Google. La herramienta perfecta del curioso. El hombre gato, en pantuflas y despeinado. ¿Será que él me arrastró por traumas infantiles hasta esta línea? ¿Será que estoy curado? ¿Será que me estoy muriendo? Hago una lista, cuando era chico me decían: malcriado, ventajita, pan de leche, buscarroña, mal aprendido, maricón, mariquita, mantequita, haragán, gordo, gordito, chancho, nene de mamá, zapato, catrasca (no se encontró definición), pato criollo, mamero, mamón, la ley del menor esfuerzo, pajero, pelotudo, forro, boludo, nenita, cagón, blandito, jueves (siempre en el medio), etcétera. Mezclado con otras que lamentablemente no me acuerdo. Estoy perdiendo el envión inicial, me estoy cayendo en lo mismo de siempre. Cuando piso ese terreno no salgo. Están los cables cruzados (metáfora de bomba y cables de colores). Clichés por todos lados. Amo/odio los cliclés. Pero primero los amo. El lugar común, son herramientas de trabajo, el día a día del descarte imaginario, de la búsqueda de ideas, de darle vuelta a las cosas, de buscarles magia, de entenderlas, de sacarles el jugo, de convertirlas en metáforas, de unirlas subconcientemente en un pensamiento nube. Ya hice la lista, ¿estoy salvado? ¿Quién es mi salvador? ¿Sos vos el hijo de Freud? Yo vengo de un largo linaje de diván que llega hasta un departamento en Viena. ¿Debería leer sobre el psicoanálisis? ¿Cómo puedo confiar en algo que no entiendo del todo? Me queda tanto por entender. Titilaba el cursor porque me quedé viendo cómo cayó Allende. El otro día le decía a un amigo que creo que somos la generación trash (Generation Trash). Predije que íbamos a ser los últimos chanchos consumidores de recursos no renovables, que las generaciones futuras iban a ser más conscientes. Pero para mi que se inunda todo, que se va todo muy a la mierda y terminamos viviendo en una película yanqui de ciudades sumergidas en nuestra propia caca. Igual para ese entonces va a ser todo Bluethoot. Agarrate que salvo al mundo jugando en la Play 3 con Wi-Fi. Señor, ¿no posee usted un iPhone? Usted no es el espíritu de la era. Pero aunque por un lado nos vendan y nos vendan baterías que van a terminar en el río (intentar recordar siempre al dios del río de “El viaje de Chihiro”), aunque estemos abarrotados de pantallas táctiles, las preguntas más importantes van a seguir siendo siempre las mismas. Todo se empieza a conectar, Spirit Away, The Spirit of the age. Dejate llevar por el hipervínculo. Rendite, no hay contra qué luchar. Está todo ahí servido, al alcance de la mano. Es todo tuyo. Es todo mío. ¿Se puede ver la lucha interna? ¿Se trasluce la inteligencia? Claro que sí, esto es una pantalla gigante con proyector encendido, máxima definición, HD. Queda todo expuesto, dado vuelta y recableado. Conexión por aquí, ocurrencia por allá, deseo de por medio, inhibición mediante, catapulta al éxito, veneno irremediable, antídoto temprano y mordida desinteresada, caballos metálicos. Vamos a bucear a otra época, una de humo fácil y sombreros. De hombres bravos y mujeres anzuelo. Lámpara verde que se apaga y catarata de simbolismos. Que pintar el cordón de amarillo es demarcarlo como si lo estuviéramos meando. Que el rojo es rojo hace muchos millones de años. La flauta traversa suena nomás, ¿o es un clarinete? Hay algunas canciones en las que me gustaría vivir un rato. Chau, no te aguanto más, me voy a vivir a Stardust de Dave Brubeck. Es la primera vez que la escucho. Elegí un estado de ánimo y tirá el cubilete, que quizás te sale generala servida de sonrisas. Confiá en el azar, que existe por algo. Existe para que exista yo, que soy producto indefectible del azar. De infinidad de sucesos conjugados para que me vaya a buscar ahora mismo queso y dulce a la heladera. Mentira, ya me lo había comido, intentaba maridar la realidad con los signos galopantes, pero terminó en fracaso. La nave se vino abajo, los robots se negaron a cumplir con sus órdenes. Era obvio, ¿no? ¿Para qué tanta película, tantos efectos especiales? ¿No sirvió de nada? ¿No se dieron cuenta de que le estamos dejando el mundo a nuestros tocayos mecánicos? Ellos no se van a morir. El juego es injusto. Lo virtual me lo meto en el orto. Yo quiero carne, quiero sudor y lágrimas. Pero en seguida me doy cuenta de que el sudor y las lágrimas son código de otra virtualidad. Es todo cuestión de niveles, de layers. There are seven levels. Voy al quiosco. No, no voy nada, dejo de fumar ahora mismo, que ya estoy harto, que me muero, que me agarra cáncer de pulmón, que si salgo me va a pasar algo en la calle, que es un momento ideal para morir. Uno tiene que morir místico, uno tiene que morir habiéndolo predicho en documentos que nadie va a leer nunca. Una coincidencia del universo para mí mismo, y para la máquina que alguna vez todo lo vea, entienda y disfrute. No me cierre la canilla paisano, que vamos propulsión a chorro.



3 comentarios:
uh qué bueno! el hipervínculo de ideas!!!
volvio Ariel. ;)
está todo organizado a veces. en realidad a veces es como si el azar tomara decisiones muy precisas.
la barrera la vamos cruzando de a poco todos y los límites ya no son límites.
seremos de distintas generaciones o algo, la mía es la de los resignaditos. no hay mucha esperanza, no hay mucha necesidad de cambio.
hay un cuento de elsa bornemann que se llama "no hagan olas", es sobre gente que va al infierno y uno de los castigos es estar sumergidos con mierda hasta el mentón.
y acá es casi como katrina en medio del infierno.
bienvenido de regreso
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