4.7.09
3.7.09
30.6.09
El General de la Pampa.
Hace veinte años empecé a trabajar en una empresa de transportes, el primer trayecto que me tocó fue Buenos Aires - Neuquén dos veces por semana. En la ruta 35, casi llegando a Santa Rosa, encontré un parador donde la comida resultó buena y los dueños eran dos personas muy amables. Don Ángel se encargaba de la parrilla y Rosa preparaba los platos y atendía la caja. Con el tiempo me volví un amigo de la casa y esa parrillita se convirtió en una parada obligada de mis viajes.
29.6.09
28.6.09
Muñeca
25.6.09
18.6.09
19.5.09
15.5.09
Supongamos.
Supongamos que sí, que el mundo está bien así, que el dinero tiene que ser lo que domine las mentes de los hombres, que el mercado es el regulador de todo y que el lucro es el objetivo de la humanidad. Supongamos que tiene que haber desproporcionada diferencia entre ricos y pobres, que es lógico que haya gente que no tiene acceso a la educación, que vivan niños entre la basura, que alguien gaste más en la nafta de su yate de lo que necesitan diez familias para subsistir. Supongamos que la guerra está bien, que las bombas son las únicas soluciones, que gastar más en armas que en alimentos es lógico y necesario. Supongamos que todos tenemos que vivir trabajando para que otros generen riqueza y destruyan al planeta. Supongamos que no es una injusticia que a los pueblos les roben sus recursos, su salud y su tierra, que destruyan sus costumbres, su idioma y sus creencias. Supongamos que una vida no vale nada, que podemos matar, violar, bombardear, electrocutar y destrozar en nombre de una bandera. Supongamos que los animales son inferiores y podemos maltratarlos al extremo, producirlos en masa descaradamente, despellejarlos, inyectarlos con veneno. Supongamos que la Tierra está para que la depredemos, que somos una plaga que mata al organismo en el que vive a costa de su propia supervivencia. Supongamos que no hay alternativa a lo que ya conocemos.







































