13.2.07

La reunión de los martes.

La reunión secreta era todos los martes a las once de la noche. Cada semana se hacía más complicado pasar inadvertidos con tantos controles. Antes se juntaban tranquilos y pasaban tardes planeando. Pero el miedo a ser descubiertos los había llevado a organizar complicadas y cortas reuniones en horarios y lugares supuestamente seguros. Cuando más peligroso y más destructivas eran las consecuencias, más se veían arrastrados por la adrenalina.

Al igual que el martes anterior, arreglaron la cita con breves mensajes descifrados. La primera inseguridad llegó a las once en punto. Cinco minutos después llegó otra. A las once y once llegó paranoia con los planos y las instrucciones del próximo ataque. Segundos más tarde tocaron el portero tres ideas oscuras. Recién a las once y veinte llegó baja autoestima. Once y media estaba todo listo.

Repasaron meticulosamente el plan. Las bombas de miedo ya estaban preparadas. Baja autoestima indicó el lugar preciso de la explosión, había encontrado un rincón plagado de sueños y deseos. Paranoia hizo las últimas correcciones y soltó intrincadas instrucciones a las inseguridades, ellas serían las encargadas de transportar los explosivos.

Las tres ideas oscuras debían abrir el camino. Ubicadas estratégicamente a lo largo de todo el recorrido, iban plantando vías para que las inseguridades avances sin contratiempos. A las once y cuarenta paranoia dio la orden y todo se puso en marcha. Baja autoestima volvió a su escondite a esperar que todo pase. Las tres ideas oscuras salieron apuradas tendiendo rieles. Las inseguridades esperaron unos minutitos y se pusieron a rodar con las bombas bien dentro suyo.

Paranoia controlaba los movimientos desde el puesto de control, todo estaba saliendo a la perfección. Las inseguridades se cruzaron con la primera idea oscura, todo despejado. Doce menos cuarto ya cruzaban frente a la segunda idea oscura. Había un poco de alboroto pero pasaron sin problemas. Una de las inseguridades casi se cae antes de llegar a la tercera, pero se sostuvo. Ya faltaba poco.

A la distancia se veía la tercera idea oscura. Baja autoestima había dado el dato correcto, el lugar estaba plagado de sueños. Eran tan lindos, tan mágicos, había que destruirlos. Ni bien pasaron el punto de control, las bombas de miedo se hincharon dentro de las inseguridades. La potencia era ya incontenible. Alrededor empezaba a haber algún que otro deseo. Solo unos segundos más y se desataba el caos.

Once y cincuenta y tres sólo se veían deseos y sueños. Jugueteaban contentos por acá y por allá. No tenían ni idea de lo que se venía. Las inseguridades ya no podían sostener lo que llevaban dentro. Paranoia pulsó el timbre y la señal estaba dada. Los primeros segundos fueron parálisis total. Después todo fue corridas y pánico. La destrucción fue perfecta. Podían verse sueños desmembrados y deseos truncados que se desparramaban entre el miedo que todo lo devoraba.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Histerias de miedopios y fobias......

Prejuicio Corteazar


CLnaU2

F.

Anónimo dijo...

todas las fobias , miedos y paranoias al servicio de tu sistema nervioso simpático para instalar rápidamente el pánico,un complot perfecto,todos tiran para el mismo lado,son un equipo.por qué no habrá sentimientos de buena vibra que nos lleven para el otro lado que tengan la misma fuerza que los malos?pero si fuera así seríamos optimistas!