1.11.07

Buscando el límite entre solución y problema me encontré con un ritmo de cuerdas fusionadas en las manos de un negro. Pies golpeando la madera, cuatro personas bailando y un borracho al borde de la realidad encajaban perfecto en la escena. Más allá había espectadores humeantes que formaban oportuna cortina de intimidad. Las luces apenas contrastaban esas figuras que más que verlas, se las percibía.

Como dueño de mi propio hallazgo, me dispuse a cambiar un poco los trazos. Ahora yo estoy sentado ahí, al lado del borracho, tengo una bebida larga de hombre en la mano. Cambié un poco el tiempo también, le agregué algo de pasado y alguna que otra cámara lenta en el momento exacto. La música es la misma y el problema está solucionado.

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