Es un lindo domingo.
Le hago señas con el cigarrillo encendido al taxista y para. Ni bien me siento, prende uno el también. Fue una semana tóxica, pienso mientras doy una pitada de humo largo. Hurgo un poco con la lengua y descubro otra vez esa bolita en el labio. El taxista me pregunta si sé cómo salió River. Yo le respondo que no me interesan el fútbol ni la realidad en general.
El amor saca lo más lindo y lo más oscuro que tengo. Estoy luchando con un ejército de kamikaze que llevo dentro. Hay una parte mía que está dispuesta a destruirlo todo para defenderse de sentir. Tomo otra enorme bocanada perjudicial y tiro el cigarrillo. Subo la ventanilla para acomodar el viento y me pierdo en la avenida. Después de todo es un lindo domingo.



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